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Los tacos de telaraña, nueva tendencia culinaria en la Ciudad de México

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En una muestra más de que el mexicano es experto en superar las adversidades, ha surgido una nueva moda culinaria en las calles de la capital del país. Esto debido a que, aunque nadie pone en duda las cifras económicas dadas a conocer por el presidente Enrique Peña Nieto en su tercer informe, lo cierto es que dichas cifras como que no checan con los bolsillos.

La exquisitez de la que hablamos es la de un nuevo sabor de taco, similar al tradicional, pero sin los prohibitivos precios de la carne: Es el taco de telaraña.

La sustitución de proteína vacuna y porcina por proteína arácnida ha resultado ser un éxito en varios puestos de tacos de las colonias más humildes de la ciudad. La tendencia nació en “El Taco Iconoclasta”, propiedad del señor Sigifredo Cabuto Pérez Baskerville, quien nos cuenta cómo comenzaron a cambiar de giro:

“No, pos es que ya estaba recara la carne en la Meche y aquí ya nos habíamos acabado los perros”.

— ¿Los qué?

— Los perros… los perros calientes… Es que teníamos también un puesto de jochos.

El señor Sigifredo nos contó que un día notó que en su bodega había más arañas que carne.

“Mi hijo Rockyrambo me dijo: ‘No manches, apá. Hay que hacer mejor tacos de arañotas”, recordó.

En un principio pensaron en vender sólo las arañas, pero optaron por conseguir arañas australianas que pudieran generar kilos y kilos de red.

“Son como panales, ¿ve? Así sacamos el montón de telaraña con todo y arañas, y a freír todo para los tacos”.

— ¿Con qué los acompaña?

Con su cilantro, su cebollita, salsa roja o verde y arañas toreadas.

— ¿Me sirve dos sin cebolla?

— Salen, joven

El sabor de la telaraña es, como era de esperarse, pegajoso. Nunca imaginé que esas cosas que abundan en el techo de la redacción de El Dizque pudieran ser un manjar. Pero lo mejor fueron las arañas australianas. Me tocaron tres, y una estaba medio viva y quiso defenderse. El sabor es incomparable, y la sensación crujiente es algo que jamás tuvo el caducado suadero.

Bon Appétit!
Bon Appétit!

Con el veneno se le va a dormir la boca un rato, no es grave —me dijo don Sigifredo. A eso siguió mi silencio, porque me quedé sin poder hablar.

Pero el lenguaje de señas es universal, y haciendo con la mano el símbolo de amor y paz, ordené otros dos.

Por los cuatro tacos pagué sólo ocho pesos, una ganga. Ya con la Coca-Cola fueron ochenta en total.

No dejen de visitar el puesto de don Sigifredo. Se encuentra ubicado a dos cuadras del edificio de El Dizque.

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